Empresa · Preguntas
31 preguntas
Por afuera: lo nuevo lee del sistema que ya opera y no le escribe, así que si algo falla el negocio sigue como si nada. Revisarlo toma días, no semanas. Después se entra pieza por pieza, y la primera se usa desde que está lista.
Suele ser más rápido: no hay que convivir con nada. Un centro educativo se levantó así, sin nada previo. Lo que se copia no es un sistema: es la forma en que ya se trabaja.
Es la primera regla del diseño. Se conservan la disposición y los pasos que ya conocen; cambian el diseño y la velocidad. La prueba es el cronómetro: si con el nuevo una tarea tarda más que antes, se rehace.
Casi todos, y las reglas del país están adentro: NCF, ITBIS, propina legal, cédula o pasaporte. También hay un ERP corriendo para un distribuidor dominicano en Nueva York. Lo único atado al país es la parte fiscal ante la DGII.
El servidor de la sucursal es la fuente de verdad: se cobra, se imprime y se sigue trabajando sin conexión. La nube es espejo, reporte y acceso remoto. Lo que quedó pendiente se ve, con su motivo.
El contribuyente es quien se certifica como emisor electrónico; el software no. Acompañamos ese trámite y hemos completado uno entero. Y lo primero que se construye es la pantalla de las facturas del mes sin comprobante, con el motivo de cada una: en un caso aparecieron 498 de un solo mes.
No de golpe. El nuevo entra por piezas y el viejo sigue corriendo al lado hasta que ya no haga falta. El día del corte lo decides tú.
Revisar lo que usas hoy toma días, no semanas. Después se entra pieza por pieza, y la primera se usa desde que está lista: no hay que esperar a que exista la última.
Sale del mismo sistema. Quien se certifica ante la DGII como emisor electrónico es tu negocio, no el software; ese trámite lo acompañamos, y ya completamos uno entero.
Se decide por negocio. Donde no se puede parar —una caja, un bar—, el servidor del local es la fuente de verdad y se sigue cobrando sin conexión. Donde no hace falta, el sistema vive en la nube.
No. Se conservan la disposición y los pasos que ya se saben; cambian el diseño y la velocidad. Si con el nuevo una tarea tarda más que antes, se rehace.
Android nativo cuando la app necesita el teléfono a fondo: la ubicación en segundo plano, la impresora. Si basta con la web, se instala en cualquier teléfono, iPhone incluido. Una app de iPhone en la App Store todavía no la hemos publicado.
No. El menú por QR y los portales se abren desde el navegador del teléfono; no hay nada que instalar.
Depende de dónde viva el sistema. El comandero de un bar trabaja contra el servidor del local, así que sigue aunque se caiga el internet.
Sola. Cuando sale una versión nueva, la app la baja desde el propio sistema; nadie tiene que pasar por cada teléfono.
Se sacan por otro lado: la base de datos directa, un respaldo, la pantalla del propio sistema o hasta el reporte impreso. En una tienda, seis años de ventas salieron de un PDF.
No. Todo se migra con su número original, y lo que no se pudo cargar queda apartado con su motivo, no borrado.
Lo que haga falta. El nuevo recibe lo que se hace en el viejo, y el corte lo decide el dueño cuando el viejo ya no se usa.
El número de comprobante es uno solo: si los dos sistemas lo usan, se duplica un comprobante fiscal. Por eso el nuevo nace con esa puerta cerrada, y la abre el dueño el día del corte.
Por eso no los calcula ella. Lee lo que dice la factura; las sumas y el ITBIS los calcula el sistema con sus reglas.
La que mejor lea cada caso, probada con documentos reales antes de elegirla. Hoy, sobre todo, los modelos de Google y de Anthropic.
Por Telegram o por WhatsApp, al teléfono de quien decida el dueño.
El trabajo sigue: el aviso sale en texto plano y la factura se carga a mano. La IA ahorra tiempo; no es la condición para trabajar.
Se decide antes de empezar: casi siempre lo automático va en un número aparte, y el de siempre sigue igual en el teléfono del negocio.
Meta cobra los mensajes que el negocio inicia con plantillas, con tarifas que fija Meta. Se pagan aparte del sistema, directo a Meta.
Todavía no. Hoy corren los mensajes de WhatsApp y las métricas de Instagram. Lo demás no se anuncia aquí hasta que esté funcionando en un negocio.
Porque depende de un teléfono prendido y de que nadie lo desconecte, y Meta puede bloquear un número conectado por fuera de su plataforma. La vía oficial trae plantillas aprobadas y acuse de entrega.
En que la venta está en el mismo sistema. Un CRM aparte sabe quién preguntó; este sabe además si compró, cuánto y qué, sin que nadie lo pase a mano.
Por el último toque: la factura se le cuenta a la última campaña por la que llegó ese cliente antes de comprar. La pantalla lo dice así, porque repartir una venta entre tres canales sería inventar.
Todavía no. Hoy cada bandeja es de un canal, casi siempre WhatsApp. Juntarlos está en el plan, y aquí no se anuncia como hecho hasta que corra en un negocio.
En la cobranza, sí: el bot de WhatsApp contesta con los datos del sistema. Un agente de ventas que conteste con la existencia real del inventario todavía no está en uso.
/ Preguntas · [ 02 / 02 ]
Te contestamos con lo que es verdad hoy, incluidas las partes incómodas.