Qué hacemos · 6 de 7
Quién preguntó, por dónde llegó, qué le prometiste y qué falta por cobrar. Y lo que un CRM suelto no puede saber: si esa persona compró, porque la venta está en el mismo sistema.
/ En concreto
Un CRM aparte sabe quién preguntó y ahí se queda. Este sabe además si compró, cuánto y qué, sin que nadie lo pase a mano, porque la venta vive en el mismo sistema.
Nuevo, contactado, interesado, ganado o perdido. Al perderlo se anota por qué: un embudo que no dice por qué se cayeron no sirve para arreglar nada.
Quien atiende anota al que preguntó y no compró, con su teléfono y por dónde llegó, sin salir de la pantalla de venta.
Cada campaña con sus fechas, su canal y lo que se gastó, al lado de los prospectos que trajo.
Cuando el prospecto se vuelve cliente, sus facturas se le cuentan a la campaña que lo trajo, por último toque, y la pantalla lo dice con esas palabras.
Lo que el cliente prometió pagar y cuándo, con el recordatorio el día que vence y la cartera por antigüedad.
Los mensajes de los clientes en una bandeja dentro del sistema, con el acuse de entrega de cada uno.
Por rubro y no por nombre: el nombre de un cliente sale solo con su permiso.
Prospectos, campañas y atribución
El prospecto que se convierte en cliente arrastra sus facturas a la campaña que lo trajo.
Cartera y promesas de pago
Lo que se debe, lo vencido y lo prometido por cada cliente, con el recordatorio que sale solo.
Bandeja de WhatsApp
Cada cliente que le escribe al WhatsApp de la sucursal cae en una bandeja del panel, con su historial.
El mostrador, el WhatsApp, Instagram, los anuncios: cada canal se vuelve una etiqueta del prospecto.
Cuando compra, pasa a ser cliente del sistema, y desde ese día cuenta su venta.
Lo gastado se anota al lado de lo que trajo, para comparar lo que cuesta contra lo que vende.
Cuánto vendió cada campaña y con qué regla se contó. Una cifra sin su regla no se puede discutir.
En que la venta está en el mismo sistema. Un CRM aparte sabe quién preguntó; este sabe además si compró, cuánto y qué, sin que nadie lo pase a mano.
Por el último toque: la factura se le cuenta a la última campaña por la que llegó ese cliente antes de comprar. La pantalla lo dice así, porque repartir una venta entre tres canales sería inventar.
Todavía no. Hoy cada bandeja es de un canal, casi siempre WhatsApp. Juntarlos está en el plan, y aquí no se anuncia como hecho hasta que corra en un negocio.
En la cobranza, sí: el bot de WhatsApp contesta con los datos del sistema. Un agente de ventas que conteste con la existencia real del inventario todavía no está en uso.
Un negocio necesita dos o tres de estas. Cuáles, se decide mirando su operación.
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